El suelo es la base de la actividad agrícola y uno de los recursos naturales más valiosos para el éxito en el campo. Compuesto por minerales, materia orgánica, organismos vivos y gases esenciales, es un sistema dinámico que sustenta el crecimiento de las plantas (Doran; Sarrantonio; Liebig, 1996). Un suelo equilibrado y saludable no solo proporciona soporte físico a las raíces, sino que también garantiza la disponibilidad de agua, nutrientes y oxígeno, creando las condiciones ideales para que los cultivos expresen su máximo potencial productivo. Además, el suelo desempeña un papel fundamental en la sostenibilidad agrícola, influyendo en la producción de alimentos y fibras y contribuyendo al equilibrio ambiental. Cuidar el suelo significa invertir directamente en la productividad y la sostenibilidad de la actividad agrícola.
Los suelos sanos son biológicamente activos, productivos y resilientes, capaces de almacenar agua, secuestrar carbono y promover la degradación de plaguicidas, entre otras funciones (Mendes et al., 2020). Dada la complejidad del suelo y los diversos factores químicos, físicos y biológicos que controlan los procesos biogeoquímicos, así como sus variaciones en el tiempo y el espacio, un solo indicador no es capaz de describir y cuantificar todos los aspectos relacionados con la calidad del suelo (Mendes et al., 2015). Por lo tanto, se debe considerar un conjunto mínimo de indicadores que abarquen atributos físicos, químicos y biológicos para medir la calidad y la salud del suelo (Figura 1).

Figura 1. Indicadores de calidad del suelo. Adaptado de: Mendes et al. (2015).
El componente biológico del suelo es fundamental para mantener cultivos productivos y sostenibles que puedan alimentar a una población mundial en crecimiento. La comunidad microbiana del suelo es esencial para el ciclo de nutrientes y la descomposición de la materia orgánica. Por lo tanto, el monitoreo de la biomasa microbiana, la actividad enzimática y la respiración basal del suelo son formas de evaluar su calidad.
En este sentido, los bioindicadores señalan la actividad de organismos o componentes biológicos que reflejan las condiciones ambientales en las que viven (Mendes et al., 2009). Los microorganismos tienen la capacidad de responder rápidamente a los cambios en la calidad del suelo, una característica que no se observa en los indicadores químicos o físicos. Por lo tanto, los microorganismos y los compuestos involucrados en sus procesos pueden ser indicadores sensibles de cambios en la calidad del suelo. En algunos casos, los cambios en la población y la actividad microbiana pueden preceder a los cambios en las propiedades químicas y físicas, actuando como una señal de cambios resultantes del uso y manejo del suelo (Balota et al., 2004). Los indicadores biológicos o bioindicadores más utilizados en la actualidad son el carbono de la biomasa microbiana (C-BMS), la respiración basal del suelo (RBS) y el cociente metabólico (qCO₂).2), enzimas, diversidad, densidad y actividad de grupos funcionales clave (Arndt, 2016).
Estudios realizados en la Universidad de Padua, Italia, analizaron el número de bacterias formadoras de colonias (UFC) utilizando AZOGEL. Los resultados muestran que AZOGEL incrementa el número de colonias presentes en el suelo. Este aumento en las poblaciones microbianas indica una respuesta positiva de los microorganismos del suelo al aporte de nitrógeno y carbono orgánicos. AZOGEL, una matriz orgánica desarrollada y producida por ILSA, es un producto único y altamente homogéneo con una alta capacidad de intercambio catiónico (CIC), una baja relación C/N (3,25) y una disponibilidad gradual de nitrógeno, lo que beneficia la salud general del suelo sin causar inmovilización de nitrógeno para los cultivos.
Uno de los principales desafíos en el uso de bioindicadores de la calidad del suelo radica en la dificultad para interpretar los valores individuales de estos parámetros, así como para establecer valores de referencia, dado que el entorno y las prácticas de manejo influyen considerablemente en ellos. Por ejemplo, en el caso de los indicadores químicos de fertilidad, los niveles de fertilidad están relativamente bien definidos para cada nutriente y tipo de suelo. En cambio, para los bioindicadores, estos valores aún se están identificando.
La meta 15.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, a la que Brasil está comprometido, establece que para 2030 debemos combatir la desertificación, restaurar tierras y suelos degradados, incluyendo aquellos afectados por la desertificación, la sequía y las inundaciones, y esforzarnos por lograr un mundo con degradación del suelo neutra. Agregar valor a los productos de áreas que adoptan prácticas sostenibles, como bajas emisiones de gases de efecto invernadero, conservación del suelo y tecnologías que promueven la salud del suelo, es una estrategia importante para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible. Sin embargo, para ello, es esencial identificar formas de cuantificar los resultados de la adopción de estas prácticas. Nuestro próximo artículo, sobre el tema de "Bioanálisis de Suelos", abordará qué es, cómo se realiza y cómo funcionan las últimas tecnologías utilizadas en Brasil para analizar el componente biológico de la calidad del suelo.
Referencias bibliográficas
Arndt. Bioindicadores de la calidad del suelo en diferentes sistemas de producción. Tesis de licenciatura, UFPR, 2016. 38 págs.
Balota, EL et al. Actividades enzimáticas del suelo bajo sistemas de labranza y rotación de cultivos a largo plazo en agroecosistemas subtropicales. Revista Brasileña de Microbiología, São Paulo, vol. 35, págs. 300-306, 2004.
Doran, J.W.; Sarrantonio, M.; Liebig, M. Salud y sostenibilidad del suelo. En: SPARKS, DL (Org.). Avances en agronomía. San Diego: Academic Press, 1996. págs. 1-54.
Mendes, IC et al. Bioindicadores para evaluar la calidad de los suelos tropicales: ¿utopía o realidad? Emrapa Cerrados, Documento 246, 2009.
Mendes, IC y cols. Bioindicadores de la calidad del suelo: de los laboratorios de investigación al campo. Cadernos de Ciência & Tecnologia, Brasilia, v. 32, n. 1/2, pág. 191-209, enero/agosto. 2015
Mendes, IC et al. Bioanálisis de suelos: el aliado más reciente para la sostenibilidad agrícola. Información agronómica NPCT, n.° 8, 2020.
Autores:
Ing. Agr. Maestría en Ciencias. Isabela Bulegon Pilecco
Ing. Agr. Maestría en Ciencias. Thiago Stella de Freitas
Ing. Agr. Tuíra Barcellos

